El BIS advierte que las stablecoins no son dinero de verdad y amenazan la estabilidad financiera global
El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), conocido como el «banco central de los bancos centrales» y con sede en Basilea, Suiza, publicó esta semana su informe anual con una advertencia directa sobre las stablecoins: estos activos digitales no cumplen con los requisitos fundamentales para ser considerados dinero en el sentido económico tradicional, y su expansión podría fragmentar el sistema financiero mundial.
¿Por qué el BIS cuestiona a las stablecoins?
Según el organismo, el dinero sólido debe cumplir tres condiciones básicas: unicidad —es decir, que un dólar digital valga exactamente lo mismo sin importar quién lo emita—, elasticidad —la capacidad del sistema de ajustar la liquidez según las necesidades de la economía— e integridad, entendida como la confiabilidad jurídica y operativa del instrumento. Las stablecoins, argumenta el BIS, fallan en los tres frentes.
El informe va más allá y traza una comparación que resulta reveladora: en lugar de comportarse como el dinero convencional, las stablecoins se parecen más a los fondos cotizados en bolsa (ETF, por sus siglas en inglés). Esto significa que su valor depende de los activos que las respaldan —generalmente bonos del Tesoro de Estados Unidos— y no de una garantía soberana directa. En consecuencia, si esos activos subyacentes pierden valor o se vuelven ilíquidos en un momento de estrés, la paridad con el dólar podría romperse.
El peligro para los mercados emergentes
Una de las preocupaciones más concretas del BIS apunta a los países en desarrollo. En economías donde la moneda local es volátil o donde la confianza en el sistema bancario es baja, las stablecoins en dólares se han convertido en una alternativa popular para ahorrar y realizar pagos cotidianos. Esto puede parecer beneficioso para los ciudadanos de esos países, pero el BIS señala que genera un riesgo de sustitución monetaria: si una parte significativa de la población deja de usar la moneda local, los bancos centrales pierden capacidad de gestionar la política monetaria y estabilizar la economía ante crisis.
El organismo también advierte sobre la posible creación de riesgos cambiarios sistémicos. Dado que la mayor parte de las stablecoins están denominadas en dólares, su adopción masiva en otras regiones podría amplificar los efectos de los movimientos del dólar sobre economías que no tienen ese control.
La propuesta del BIS: acelerar el dinero digital público
Frente a este panorama, el BIS no propone prohibir las stablecoins, sino que insta a los gobiernos y reguladores a acelerar el desarrollo de alternativas públicas: las monedas digitales de banco central (CBDC) y versiones tokenizadas del dinero comercial emitido por bancos regulados. La idea es que estas formas de dinero digital mantengan las ventajas tecnológicas de las stablecoins —velocidad, programabilidad, accesibilidad— pero bajo marcos de supervisión que garanticen estabilidad y protección al usuario.
El ecosistema no se detiene: pagos cripto en expansión
Las advertencias del BIS llegan en un momento en que la infraestructura para usar stablecoins sigue creciendo a toda velocidad. La empresa Breez, especializada en soluciones de pagos con Bitcoin, anunció una nueva funcionalidad en su kit de desarrollo que permite a cualquier aplicación enrutar pagos desde saldos en Bitcoin hacia destinatarios que reciben el monto en USDC o USDT, las dos stablecoins más utilizadas del mercado. La novedad es que el usuario no necesita tener stablecoins en su billetera: la conversión ocurre en el proceso, y la operación es compatible con más de treinta redes de blockchain distintas.
Esta clase de herramientas ilustra la tensión que describe el BIS: la demanda de stablecoins como medio de pago es real y crece con soporte tecnológico concreto, pero la arquitectura regulatoria que debería acompañar esa expansión va varios pasos atrás.
DeFi también entra en la conversación
En paralelo, el protocolo de préstamos descentralizados Aave registró esta semana un alza superior al 13% en el precio de su token, acercándose a los 95 dólares. Analistas de Standard Chartered describieron a Aave en términos que recuerdan a un banco automatizado, lo que refleja cómo el debate ya no es solo sobre stablecoins en particular, sino sobre si las finanzas descentralizadas en su conjunto pueden —o deben— asumir funciones que históricamente han sido terreno exclusivo de instituciones reguladas.
El informe del BIS, en ese contexto, no es solo una crítica técnica: es una señal de que los organismos financieros internacionales están decididos a participar activamente en definir las reglas del juego antes de que el ecosistema cripto las defina por su cuenta.
