Poolin, el gigante del minado de Bitcoin, se declara en quiebra con una deuda de 173 millones de dólares
Lo que alguna vez fue el mayor operador de minería de Bitcoin en el mundo ha llegado a su fin. Poolin Technology, la empresa con sede en Singapur que en su época de mayor auge controló cerca del 20% de toda la capacidad de procesamiento de la red Bitcoin, presentó ante los tribunales de Nueva Jersey una solicitud de protección por quiebra bajo el Capítulo 11 de la ley concursal estadounidense. La compañía arrastra obligaciones por aproximadamente 173 millones de dólares y dejó a más de 11.700 usuarios atrapados sin poder recuperar sus fondos.
Una caída anunciada tras años de problemas
El deterioro de Poolin no ocurrió de la noche a la mañana. La empresa comenzó a mostrar señales de colapso en 2022, cuando suspendió los retiros de su plataforma de gestión de hashrate, dejando a miles de mineros sin acceso a sus ganancias. Aquella crisis coincidió con el desplome generalizado del mercado cripto —el llamado «crypto winter»— que hundió la rentabilidad de la minería y empujó a varios operadores importantes al borde de la insolvencia. Poolin nunca logró recuperarse de ese golpe.
Durante los años siguientes, la compañía intentó reorganizar sus operaciones sin éxito, mientras las deudas continuaban acumulándose y la confianza de sus usuarios se evaporaba. La presentación formal de quiebra representa el capítulo final de un declive que los conocedores del sector venían anticipando desde hace tiempo.
Qué dice la solicitud de quiebra
Según los documentos presentados ante el tribunal federal, Poolin Technology y sus filiales estadounidenses reconocen pasivos totales que rondan los 173 millones de dólares. De esa cifra, alrededor de 164 millones corresponden a obligaciones directas con usuarios, quienes mantienen saldos pendientes en la plataforma que la empresa no ha podido honrar.
El panorama para los acreedores es desalentador. Los activos disponibles para respaldar esas deudas son significativamente menores que el total adeudado, y las estimaciones preliminares sugieren que las ofertas de compra recibidas hasta ahora representarían apenas alrededor del 31% del valor bruto de las deudas con usuarios, sin contar aún los costos propios del proceso concursal, gravámenes existentes ni los honorarios legales y administrativos que se generarán durante el procedimiento. En la práctica, quienes esperan recuperar su dinero podrían recibir una fracción muy pequeña de lo que originalmente depositaron.
La venta de los activos en Texas
El principal activo que Poolin tiene sobre la mesa son dos instalaciones de minería ubicadas en el oeste de Texas, en una región que en los últimos años se convirtió en uno de los destinos preferidos por los mineros de criptomonedas gracias a su energía relativamente barata y al marco regulatorio favorable del estado.
Para agilizar el proceso de venta, la empresa ya tiene en mano una oferta inicial de referencia —conocida en el ámbito legal como stalking-horse bid— por un valor de 52 millones de dólares. Este tipo de oferta funciona como piso mínimo en una subasta supervisada por el tribunal: garantiza que la compañía no venda por debajo de ese precio, al tiempo que abre la puerta a que otros compradores interesados presenten propuestas superiores. La aprobación judicial es necesaria para avanzar con la transacción.
El objetivo declarado es liquidar esos activos lo antes posible para iniciar algún tipo de distribución entre los acreedores, aunque el camino hasta allí puede tomar meses dependiendo de cómo evolucione el proceso en los tribunales.
El legado de un actor que dominó la red
La historia de Poolin es, en cierta medida, un reflejo de los excesos y vulnerabilidades del ecosistema cripto durante el ciclo alcista de 2020-2021. En su mejor momento, la plataforma concentraba una porción tan grande de la potencia de cómputo de Bitcoin que algunos analistas llegaron a señalarla como un potencial riesgo de centralización para la red. Hoy, esa misma red sigue operando con normalidad, distribuida entre cientos de operadores, mientras Poolin busca en los tribunales la manera de ordenar su salida.
Para los más de 11.700 usuarios afectados, la quiebra formal al menos abre un proceso transparente y supervisado para la recuperación parcial de fondos, algo que hasta ahora no existía. Sin embargo, las expectativas deben ser moderadas: en procesos concursales de este tipo, los acreedores comunes suelen ser los últimos en la fila.
