Poolin, el gigante de la minería de Bitcoin, se declara en quiebra con deudas de 173 millones de dólares
Lo que alguna vez fue el grupo de minería de Bitcoin más poderoso del mundo terminó esta semana en los tribunales. Poolin Technology, con sede en Singapur, presentó una solicitud de quiebra bajo el Capítulo 11 de la ley concursal de Estados Unidos, revelando pasivos que superan los 173 millones de dólares y dejando a más de 11.700 usuarios atrapados con saldos pendientes de cobro desde hace casi tres años.
De liderar el mercado global a la insolvencia
En su mejor momento, alrededor de 2021, Poolin llegó a concentrar cerca del 20% de toda la capacidad de procesamiento de la red Bitcoin —lo que se conoce como hashrate global—, posicionándose como el mayor pool de minería del planeta. Un pool de minería es, en términos simples, una asociación de mineros que combinan su poder computacional para tener mayores probabilidades de obtener recompensas en Bitcoin y luego las reparten entre sus participantes.
Sin embargo, la caída fue tan pronunciada como el ascenso. En septiembre de 2022, en pleno mercado bajista y tras el colapso de varias empresas cripto de alto perfil —como Three Arrows Capital y Celsius—, Poolin anunció de forma abrupta la suspensión de los retiros de fondos en su plataforma de billetera. Miles de mineros que habían depositado su confianza y su dinero en la empresa quedaron sin acceso a sus activos de la noche a la mañana.
Una deuda millonaria y una subasta como último recurso
Desde entonces, la compañía nunca logró recuperarse operativamente. La presentación judicial confirma que Poolin acumuló reclamaciones por 173 millones de dólares, una cifra que refleja tanto las deudas con usuarios individuales como con acreedores corporativos.
Como parte del proceso de reorganización, la empresa ha puesto en marcha la venta de sus últimos activos tangibles: dos instalaciones de minería ubicadas en el oeste de Texas. Para iniciar el proceso de subasta, un comprador ya presentó una oferta inicial de referencia —conocida en términos legales como «stalking-horse bid»— de 52 millones de dólares. Esta figura legal garantiza un precio mínimo de salida para los activos y ofrece cierta protección al primer postor, aunque otros interesados pueden presentar ofertas superiores durante el proceso.
El dinero que se recaude con esta venta será destinado, al menos en parte, a compensar a los más de 11.700 usuarios que aún mantienen saldos pendientes en la plataforma en forma de pagarés internos, es decir, promesas de pago que la empresa nunca pudo honrar en efectivo o en criptomonedas.
Un símbolo del colapso cripto de 2022
El caso de Poolin no es un hecho aislado. Forma parte de una cadena de quiebras y colapsos que sacudieron al ecosistema cripto entre 2022 y 2023, cuando la caída del precio de Bitcoin y de otras criptomonedas expuso la fragilidad de muchos modelos de negocio que operaban con altos niveles de apalancamiento o con reservas insuficientes. Empresas como FTX, BlockFi, Voyager Digital y Genesis Global también atravesaron procesos similares durante ese período.
Lo particular de Poolin es que su negocio central —la minería— era considerado uno de los pilares más sólidos del sector. No obstante, la combinación de costos operativos elevados, precios de Bitcoin deprimidos y la pérdida de confianza de sus usuarios tras el congelamiento de fondos resultó letal para la compañía.
¿Qué pueden esperar los afectados?
En el marco del Capítulo 11, Poolin tendrá la posibilidad de presentar un plan de reorganización que establezca cómo y en qué porcentaje se pagará a cada categoría de acreedores. Sin embargo, con 173 millones en deudas y activos que apenas superan los 52 millones en su oferta de referencia, las expectativas de recuperación total son bajas.
Para los miles de usuarios que llevan casi tres años esperando recuperar sus fondos, este proceso judicial representa quizás la última oportunidad de ver al menos una parte de su dinero. La historia de Poolin es, en definitiva, un recordatorio sobre los riesgos de depositar activos en plataformas centralizadas sin garantías claras de liquidez, una lección que el ecosistema cripto sigue aprendiendo a un precio muy alto.
